Blog de nopierdaslasonrisa

Diario de un cura rural (o no)

Últimamente tengo el blog parado. No es mi voluntad tenerlo así, sino las circunstancias me impiden llevarlo al día. Últimamente me es imposible actualizarlo y escribir sus entradas casi diarias. Los motivos son la hora a la que llego a casa, el trabajo y el poco tiempo que me lleva a dedicarme a otras ocupaciones.

Cualquier persona acostumbrada a escribir un blog, o un artículo diariamente, sabe que para hacerlo bien se precisa de tiempo y concentración. Los últimos días carezco de lo uno y de lo otro. Cuando llega el mes de febrero las parroquias comienzan los cursillos prematrimoniales que son esas reuniones donde los novios, por así decirlo, reciclan su fe, reflexionan sobre lo que va a ser su vida de matrimonio, lo que supone casarse por la iglesia, el compromiso y el amor de los novios. Y todo ello, como el entrenamiento del mejor equipo en cualquier deporte, requiere mucha dedicación.

No se trata sólo de la vida de un cura rural, como titularía Bernanos a su obra literaria reflejando la vida de un joven sacerdote en la Francia rural, sino de todo el trabajo para llegar a deshora a casa, cenar lo que se pille a mano y algo ligero y acostarse tarde para hacer la digestión. Descansar y madrugar al día siguiente para comenzar el día con la oración y el trabajo diario.

La vida de un cura rural exige andar de un lado para otro. Coche, carretera y manta, como se suele decir, para intentar llegar a zonas cada vez más envejecidas y despobladas, donde la vida está condenada a desaparecer y donde el ser humano es la única especie en peligro de extinción que habita en las zonas rurales y en muchos pueblos de nuestra, cada vez más, envejecida nación.

Los jóvenes emigran, se marchan, los que menos lejos de sus hogares y sus familias se van quedan los suficientemente cerca como para poder ir y venir. Otros no tienen la misma suerte. Y los pueblos, poco a poco, van muriendo, desapareciendo, convirtiéndose en pueblos fantasmas donde permanece el recuerdo de calles repletas de niños jugando en la calle al fresco de una calurosa noche de verano; o de aquellos inviernos alrededor de una chimenea que caldea una vieja casa y en la que igual puede colgarse la ropa para que se seque rápidamente que la pitanza de chorizos y morcillas para que se sequen a la lumbre.

Es el plus del trabajo de un cura rural: distancia, kilómetros, tiempo y prisas. Una parroquia rural tiene el mismo trabajo que una parroquia de barrio o ciudad: enfermos (muchos), niños de comunión (cada vez menos), bodas de jóvenes que dejando su tierra se marcharon buscando un futuro y rehaciendo su vida con la persona amada. Y esto es lo de menos. Luego están las reuniones de formación, los consejos de economía o de la parroquia, las visitas a los enfermos, el despacho… En menor escala que una parroquia grande o de barrio, pero con la misma dedicación.

No da tiempo para tanto, cierto, pero estos últimos días y a pesar de las reticencias con las que los novios se acercan al cursillo, la experiencia no deja de ser gratificante.

Espero retomar de nuevo el blog y con cierta frecuencia, pues en estos días hay algunas cosillas pendientes en el tintero.

@nopierdaslasonrisa


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