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Encuentro de fraternidad

Lo que ha marcado desde su inicio la vida de la comunidad cristiana ha sido la fraternidad y la comunión en que vivían los primeros cristianos. La Eucaristía era algo más que un rito o una celebración, expresaba la comunión de fe. Pero este sentido de comunión también se expresó en la vida, entendiendo así que este sacramento se prolonga también en la convivencia diaria.

Cuando el cristianismo pasó a ser religión oficial del Imperio bajo mandato del emperador Constantino, el carisma de la caridad se iba desligando de la celebración de la Eucaristía y los sacramentos comienzan a articularse de manera distinta. Con el paso del tiempo (Edad Media), la caridad se reinventa mediante la agrupación de gremios que forman hermandades con el fin de asistir a los miembros de esta hermandad en caso de algún desafortunado incidente o muerte hasta el punto de que su familia no quedara desamparada.

Estas hermandades comenzaron a expresar la fe públicamente “apropiándose” de una imagen o paso de pasión (fundamentalmente) que poco a poco fueron creando las hermandades que hoy en día conocemos. Su función era la de mantener la caridad con los hermanos más pobres, velar por la fe de sus miembros y ofrecer misas y oraciones por las almas de los hermanos fallecidos.

Llegados a este punto y al sentido que actualmente tienen las Hermandades religiosas, en Viso del Marqués se ha mantenido un encuentro de hermanamiento entre las Hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Hermandad de la Soledad, Vera Cruz y San Cristóbal de Villarrubia de los Ojos. El acto, llevado a cabo al final de la Eucaristía, consistía en un compromiso entre ambas hermandades por comunicar sus actividades y comprometerse a rezar por sus difuntos. La rúbrica de ambos presidentes marcaba el compromiso que adquirían ante el párroco de la localidad. Junto a la firma de este compromiso se intercambiaron las insignias (escapulario en el caso de la hermandad de Viso del Marqués y medalla en el caso de la de Villarrubia de los Ojos), así como sendos diplomas que se colocarían en las sedes de las hermandades como recuerdo de tal acto de hermanamiento.

Tras la celebración religiosa, la hermandad de Jesús Nazareno preparó una pequeña invitación a todos los asistentes al acto con el fin de prolongar en la vida lo celebrado en la Eucaristía.

Un acto que no deja de ser un testimonio de quienes al frente de una hermandad luchan incansablemente por anunciar la fe concienciando primero, en su ardua tarea, a los mismo miembros de sus hermandades para, después, poder expresarla y transmitirla a nuestra sociedad.

Cuando la fe expresada en la piedad popular parece quedar relegada al ámbito de la cultura, es una buena acción realizar este tipo de gestos como testimonio público de una fe que da identidad a un pueblo.

@nopierdaslasonrisa


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